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Educacion Sexual en las Escuelas

Mi opinión como Médica Sexóloga, como Mujer y como Madre.

Como en muchos otros temas de opinión pública, en la cuestión Educación Sexual, en este siglo existen tantos factores a tener en cuenta que, a mi juicio como médica en función asistencial y docente, como mujer y también como madre, sería contraproducente dar una opinión basada en una sola posición filosófica o política, sin tener en cuenta las demás razones esgrimidas. Debemos ser bienpensados y creer firmemente que cada postura expresada por las diversas partes involucradas en la materia, responden al deseo bien intencionado de brindar el mejor y más beneficioso aporte a la joven generación, a quien va dirigido todo el esfuerzo que la implementación del programa de Educación Sexual en las Escuelas requerirá sin ninguna duda. Debemos tener expectativas esperanzadas de que el esfuerzo económico, humano y de energía adaptativa que requerirá el mismo a toda la sociedad, responde a los nobles objetivos de mejorar la educación, recuperar los valores éticos en las relaciones interpersonales, restaurar el respeto y la credibilidad de los educadores frente a los educandos y a sus padres y a contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de los futuros ciudadanos, lo cual se reflejará en mejores niveles de salud pública, expresado todo esto en forma sintética.

 

 Nadie puede negar hoy dia que la sexualidad de las personas por pleno derecho humano, es un conjunto de funciones Biológicas-Psicológicas-Espirituales y Sociales con una profunda y trascendente repercución Ecológica.

Desde esta consideración, nuestro mundo en su totalidad, se verá influenciado por los cambios que se van a operar en los jóvenes, a raíz de la educación sexual que reciban en los próximos años.

 

Consideremos estos hechos:

1-Las conceptualizaciones históricas de la sexualidad en las diferentes culturas, al ser contemporáneas con otros eventos de la evolución socio cultural han influído y también han recibido la influencia de ellos a través de los siglos.

En esta última década, el fenómeno de la globalización cultural ha permeado en casi todos los ámbitos las conductas sociales y también ha influído en la sexualidad de las personas en el mundo.

 

2-Existe una opinión generalizada acerca del desvanecimiento progresivo de gran parte de los tradicionales valores éticos en casi todas las áreas de las relaciones humanas, lo cual ha devenido en un cambio gradual de los estilos de comunicación, de vinculación, en el respeto y mantenimiento de los vínculos, en la dinámica de los compromisos, etc. entre las personas. Conductas que años atrás se consideraban valiosas y ejemplificadoras para muchos, como la lealtad, la honestidad, el respeto, el altruísmo, el recato, la consideración empática por el bienestar del otro y el buen trato, entre muchas otras, no forman una parte importante hoy dia, del comportamiento habitual en la mayor parte de la gente. Y estas conductas diferentes no son patrimonio exclusivo de los jóvenes, los cuales, debemos reconocer, no las han adquirido por si mismos. La joven generación ha recibido esta enseñanza de nosotros, sus padres y del entorno que les hemos construído, o que hemos permitido que los influyera más que nuestro propio ejemplo.

3-Difícilmente los jóvenes de hoy saben distinguir los modelos de comportamiento positivo o tienen la oportunidad de escuchar opiniones críticamente constructivas de parte de los adultos fundamentadas en una ética razonada, cuando ven la enorme e interminable exposición gratuita y distorsionada de diferentes conductas humanas a las cuales miran como a un muestrario de ejemplos a seguir, llámense éstas, conductas sexuales, sociales, laborales, familiares, políticas, jurídicas, médicas, etc.

Ya no reconocen qué situaciones deberían ser públicas y cuáles pertenecen al ámbito privado, ya que sus educadores tampoco parecen tener muy claras estas cuestiones y carecen de una opinión cabal que transmitirles.

 

4-A través de los medios de comunicación que comparten con amigos, padres y educadores, los jóvenes de hoy absorben y celebran, una progresiva y acelerada trivialización de todo tipo de situaciones, de carácter público y privado, que, al ser presentadas como un espectáculo para el entretenimiento, bloquea y soborna cualquier posible impulso de corregir o reformar (un muy saludable síntoma de energía juvenil), que solían tener las juventudes de muchas generaciones anteriores, tildadas de revolucionarias y que las actuales parecen haber perdido.

 

5-Es precisamente en este contexto que debemos analizar qué significa la Sexualidad tanto para los jóvenes como para el común de los habitantes de la sociedad actual.

Científicamente, la Sexualidad en su sentido más amplio es un poderoso impulso que motoriza la vida, alienta proyectos, estimula cambios, promueve la creatividad y mantiene al individuo en acción realizando las más variadas actividades de la existencia humana. Una persona sin impulso sexual, se limita, se cohibe, se des-ilusiona, pierde fuerza vital y capacidad creativa.

Esto sucede por las múltiples áreas involucradas en el funcionamiento de la Sexualidad, la biológica, que comprende funciones hormonales y neuroquímicas; la psicológica,  que abarca las emociones, la memoria y la cognición; la social, que implica la cultura, los modelos, los mitos y los tabúes y la espiritual con sus componentes religiosos y filosóficos. Todo ello tiene repercusión y trascendencia en el entorno ecológico del ser humano.

 

6-La Función sexual, en un sentido más personal, es además un medio de comunicación entre personas y, en un nivel más profundo, es como un poderoso pegamento, llamado también “Atracción Sexual”, que tiende a unir a determinados seres humanos con otros.

La tendencia que se manifiesta en la sociedad actual es, en su gran mayoría, asignarle mayor importancia al “pegamento” que a las personas involucradas. Los adultos juegan a “quedar pegados” y “despegados”, simultánea o secuencialmente entre ellos,  la mayoría de las veces casi sin conocer a la persona con la cual practican este supuesto juego; como si lo más cautivante del mismo, no fueran los individuos con los que se juega, sino el mero hecho de cómo se siente estar pegados con “alguien”.

Como la condición de “quedar pegado” a alguien, tiene sus propias leyes naturales y su propia mística, en la cual participan una vez más los aspectos biológicos, emocionales, sociales y espirituales de las personas involucradas, si no se siguen ciertas pautas, se fracasa, como cuando se pretende realizar un emprendimiento con un socio, sin conocer bien al mismo y minimizando la importancia de las reglas necesarias para que el proyecto sea exitoso.

Es por ello que la sexualidad practicada por las personas de un modo superficial, obviando ciertas condiciones indispensables, trae consecuencias indeseables y atemorizantes como el hastío y la insatisfacción, las rupturas familiares, la soledad, las frustraciones, las depresiones, la violencia sexual, la promiscuidad, las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados entre muchas otras secuelas biológicas, emocionales y espirituales.

La opinión pública y los medios se preocupan mucho por las ETS (enfermedades de transmisión sexual) y por los embarazos adolescentes y, pasan por alto todas las demás, especialmente las de orden psicológico y espiritual, que son tanto o más difíciles de solucionar que las primeras.

La mayor parte de las personas sinceramente desconoce estas consideraciones, otras no quieren que sus “juegos sexuales” se conviertan en actos que impliquen responsabilidad aunque pretenden utópicamente que, como por arte de magia, no haya consecuencias desagradables.

Lo científicamente cierto es que la Función sexual es una parte de nuestra salud integral y debe ser cuidada con el mismo compromiso y empeño que las otras funciones, como la nutrición, la visión, la función inmunológica, etc. y no solamente en sus aspectos biológicos sino en cuanto al bienestar que nos produce en los aspectos psíquicos, emocionales, familiares, sociales y espirituales.

Lo dicho ejemplifica que la Función sexual no tiene por qué ser un acto de oscura solemnidad sino, por el contrario, considerarse una saludable y maravillosa actividad humana que nos provee bienestar, autoestima, intimidad emocional y sobre todo calidad de vida, como el hecho de escuchar o interpretar música, escribir un libro, construír un edificio, curar un paciente o amamantar a nuestro bebé, entre miles de logros humanos. En síntesis, nuestra sexualidad es un capital valioso que debemos cuidar como una parte significativa de nuestra salud total.

 

7-Los primeros en ser conocedores de estas reglas de la preservación de la salud sexual, en este sentido amplio y abarcativo, deben ser los formadores, los cuales deben a su vez “creer” en aquello que van a enseñar. No existe aprendizaje posible sin la convicción del maestro para promover la credulidad y la confianza del alumno.

Del mismo modo en que las madres enseñan las normas de higiene y alimentación a sus hijos, etapa por etapa, asesorándose con los profesionales de la salud de cada edad, del mismo modo en que los docentes enseñan sus materias respectivas, grado por grado, siguiendo un programa acorde a la etapa escolar y a la comprensión de sus alumnos,  así, con un conocimiento avezado de su materia, pero sumando un amoroso interés por cuidar y proteger el desarrollo de estos jóvenes seres humanos, la futura generación de nuestra tierra, nuestros continuadores en el planeta, así es como debería encararse la enseñanza de los aspectos de la Sexualidad, que sean atinentes a cada etapa de la evolución de los jóvenes.

 

8-Una cuestión importante a resolver es cómo se formarán los formadores en Sexualidad.  Según mi criterio, los formadores deberían ser tanto los padres en sus casas como los maestros en las escuelas, pero entre estos últimos, deberían incluírse solamente aquellos que se sientan con capacidad y arte para incorporar estas nuevas habilidades a desarrollar, que no deben por qué ser obligatorias para todos ellos.

Existen padres y maestros que, por características de personalidad, por sus historias personales o por falta de información, pueden tener pudor e inseguridad al enfrentar un diálogo sobre sexualidad con jóvenes y esto debe ser respetado, no forzándolos a hacerlo.

No deberían quedar afuera del interés de los formadores los aspectos biológicos, ni los éticos, ni los psicológicos; formarse en sexualidad requiere, a mi juicio, la incorporación de conocimientos multidisciplinarios que deberían ser provistos por los profesionales versados en cada área. Los Médicos y Psicólogos especialistas en Sexología y los Educadores Sexuales, tenemos muchas herramientas docentes que pueden ser útiles para ayudar a formar a los formadores, con la ventaja de una carrera profesional que nos respalda científicamente para realizar esta tarea y la experiencia de años y cientos de pacientes, que en cierto modo son nuestros educandos.

Un especialista en Sexología Clínica, lejos de considerar la educación sexual solamente en sus aspectos biológicos, está entrenado holísticamente y capacitado para asesorar o formar parte del equipo de educadores, lo cual no es lo mismo que dejar al maestro solo, leyendo artículos extraídos de aquí y de allá para que pueda improvisar una clase de educación sexual frente a chicos y chicas de distintas edades y extracciones sociales y religiosas.

 

9-Creo además, que la opinión de las respectivas doctrinas religiosas debe exponerse pedagógicamente ante el alumnado. Ya hemos hablado de los aspectos espirituales involucrados en la sexualidad; además de eso, existen muchos padres que desean que sus hijos incorporen conceptos coherentes con los que sus familias sostienen y que no quieren que se cree un conflicto entre lo expresado en la casa y en la escuela. Existen en un aula estudiantes de diversas creencias y la toma de conciencia de las diversidades en una forma pedagógica, es un ejercicio de suma cultura y democracia.

 

Los seres humanos poseemos la capacidad de elegir llamada libre voluntad, pero, para que esto sea posible, debemos conocer nuestras opciones y estar informados acerca de las ventajas y desventajas que ellas implican para cada uno. Cuando hay ignorancia, falsas creencias o tabúes, las personas igualmente eligen, pero por lógica, se equivocan mucho más. Nuestra generación y las anteriores ya pasaron por ello y no hemos sido felices al ser autodidactas de la sexualidad por fuerza de las circunstancias.

No queremos que nuestros hijos sufran por negárseles el conocimiento necesario ni por exceso de saberes más allá de su comprensión ni por distorsiones de la realidad.

 Por lo tanto, asumamos la responsabilidad saludable de darles educación sexual con amor y verdad, con ética y recato, con sentido común y amplitud mental,  con los valores espirituales de las creencias de nuestra población de familias  y, muy especialmente, con respeto por sus propios cuerpos, sus mentes y sus almas.